Cuatro encapuchados estaban esperándola en su vivienda por la noche, tras estar vigilando sus movimientos.
Con el miedo en el cuerpo continuarán durante mucho tiempo tanto la responsable de la Venta Durá como una de las empleadas que en la madrugada del sábado al domingo fueron retenidas, apaleadas y víctimas de un robo en la vivienda de la primera.
Todo apunta a que se trata de una banda muy bien organizada, con un modus operandi muy particular, que llevaron a cabo el asalto tras estudiar previamente muy bien los movimientos de sus víctimas, así como el interior de la casa de campo donde se llevó a cabo el asalto y las salvajes agresiones.
Margarita, la propietaria del establecimiento, fue la que se llevó la peor parte. Ayer explicaba que sobre la 1 ó 1.30 de la mañana aproximadamente, tras llegar a casa y antes de iniciar su aseo personal, salió al patio a por una toalla y entonces vio a cuatro encapuchados bajar desde la terraza. La estaban esperando y conocían sus movimientos, según aseguró la agredida.
"Me cogieron de las manos y sin preguntarme nada comenzaron a golpearme sin parar", relataba Margarita, con una entereza sorprendente para el poco tiempo que ha transcurrido desde el apaleamiento.
La introdujeron en casa y la ataron de pies y manos, mientras continuaban los golpes e insistían en preguntar dónde estaba el dinero y la recaudación. A la otra empleada, que en ese momento permanecía en el interior de la vivienda, también la cogieron y la golpearon, aunque no con tanta intensidad como Margarita, que desde el primer momento les dijo dónde estaba el dinero, unos 5.000 euros correspondientes a la recaudación semanal, según ha podido saber este diario.
"Me dijeron que eran una banda rusa, y que me iban a matar. Nos sentaron y luego nos tiraron al suelo, al tiempo que no paraban de amenazarnos, de darnos golpes y patadas", según indicó ayer la víctima.
Sin embargo, los delincuentes, con pasamontañas, no se conformaron con el mencionado dinero e insistieron en que había más guardado. El miedo fue tal que Margarita reconocía ayer que perdió el habla, aunque no sabe si fue por la presión soportada o por los golpes recibidos, lo que llevó a los asaltantes a destrozar la vivienda en busca de más dinero y objetos de valor.
Margarita asegura que estaba convencida de que iban a quitarles la vida, pero que sobre las 5 de la mañana, tras quitarles los teléfonos y las llaves del vehículo, se marcharon, dejándolas atadas y amenazándolas nuevamente con matarlas si se movían.
Tras esperar un rato y poder liberarse de las ataduras, salieron a la carretera de Santa Pola, incluso sin calzado, e intentaron parar a algún vehículo, hasta que uno se detuvo, les prestó el móvil y dieron aviso a sus familiares. Prácticamente en el mismo momento aparecía casualmente un vehículo policial y a partir de ahí las fuerzas de seguridad intervinieron y ambas fueron trasladadas para pasar un reconocimiento médico.
Ante lo ocurrido, la alcaldesa de Elche, Mercedes Alonso, tras lamentarlo, dijo ayer en Radio Elche que lo ocurrido es "preocupante", para asegurar a continuación que desde el mismo domingo se ha reforzado la seguridad a la hora del cierre de establecimientos del campo y que se va a continuar de esta manera.
Informacion Facilitada por J. M. G www.diarioinformacion.com











